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MASCOTAS Y RESPONSABILIDAD CIVIL


¿Soy responsable de los daños que haga mi perro/gato/serpiente?

¿Que debo hacer si tengo animales domésticos aunque no sean potencialmente peligrosos?


LA RESPUESTA ES UN ROTUNDO SI, pero tenemos que confirmar que no sólo el propietario sino también el poseedor de un animal es responsable de los daños que éste cause. Es más, esta responsabilidad puede tener un alcance civil pero también penal, como más adelante explicaremos con independencia de la infracción administrativa que también se haya podido cometer.

En cuanto a la regulación en materia de animales de compañía son las Comunidades Autonómas y los propios Ayuntamientos los que determinan los requisitos y normas a seguir por aquellos que sean propietarios de cualquier tipo de estos animales. Sin embargo, en materia de animales peligrosos si existe una regulación estatal. En concreto la Ley 50/1999, de 23 de diciembre, regula el régimen jurídico de la tenencia de animales potencialmente peligrosos, que recoge las condiciones de cualquier tipo de animal para entrar en esta clasificación. Pero en el caso de los perros, además, es imprescindible tener en cuenta el Real Decreto 287/2002, de 22 de marzo, por el que se desarrolla la citada Ley 50/1999, de 23 de diciembre, que determina los perros especialmente peligrosos y establece los requisitos necesarios para obtener las licencias administrativas que habilitan a sus titulares para la tenencia de los mismos.

Respecto a la RESPONSABILIDAD CIVIL POR LOS DAÑOS OCASIONADOS:

El Código Civil en su artículo 1905 recoge:

” el poseedor de un animal, o el que se sirve de él, es responsable de los perjuicios que causare, aunque se le escape o extravíe. Sólo cesará esta responsabilidad en el caso de que el daño proviniera de fuerza mayor o de culpa del que lo hubiese sufrido.“

Respecto a la responsabilidad civil, estamos ante unos de lo casos de responsabilidad objetiva del¿Soy responsable de los daños que cause mi perro? poseedor, es decir, que no hace falta ser el propietario, basta con ser el poseedor del animal para responder de lo que haya realizado el animal mientras estaba en su compañía (ya sean daños, lesiones, etc), incluso incurrir en responsabilidad en el caso de pérdida o extraví­o del mismo.

En este sentido encontramos sentencias en la que se reconoce la responsabilidad del propietario o del poseedor del perro ante los siguientes supuestos, si bien los mismos no quedan limitados a los que a continuación exponemos:

1.- El propietario o poseedor responderá de los accidentes de tráfico provocados a consecuencia de la incursión del perro en la vía pública. SAP de Pontevedra de 15 de Septiembre de 2011.

2.- El propietario o poseedor también responderá de los ataques de sus perros a personas con independencia de que sea en el interior de una propiedad privada. La SAP de Sevilla, de 7 de mayo de 2012, reconoce la responsabilidad del propietario de la finca y del animal al entender que la falta de señalización de tener un perro peligroso suelto en la finca conlleva asumir los daños por las mordeduras que éste produzca a un visitante.

3.- La jurisprudencia también ha venido a reconocer la responsabilidad del propietario de los perros por las molestias sufridas a los vecinos ante los ladridos de los animales.

4.- Incluso las peleas entre perros pueden dar lugar a a que se reconozca la existencia de un daño moral cuando la agresión de un perro provoque la muerte de otro. SAP de Barcelona, de 26 de septiembre de 2012 y SAP de Sevilla, de 25 de junio de 2012.

 

Los daños que ocasione nuestro animal pueden incluso llegar a ser constitutivos de infracción penal. Así el Código Penal en su art. 631 recoge como una falta contra los intereses generales a aquellos dueños o encargados de la custodia de animales feroces o dañinos que los dejaren sueltos o en condiciones de causar mal, y lo castiga con la pena de multa de uno a dos meses.

También, dependiendo de la gravedad de los daños, puede enjuiciarse por un delito de lesiones, en el cuál ya se contempla incluso pena de prisión.

Es por ello recomendable asegurar al animal para poder así salvaguardar las posibles consecuencias dañosas derivados de los actos de nuestro ANIMAL, siendo importante tener presente que la cobertura no debe quedar limitada al tomador del seguro o al propietario de animal, sino a todo aquel que conviviendo en el hogar familiar comparta su cuidado.

De cualquier forma, es una recomendación que debe de hacerse ya que no existe obligación de ello salvo que el animal se trate de un perro potencialmente peligroso, ya que en ese caso la Ley 50/1999, de 23 de diciembre, que regula el régimen jurídico de la tenencia de animales potencialmente peligrosos,y el Real Decreto 287/2002, de 22 de marzo, por el que se desarrolla la citada Ley 50/1999, de 23 de diciembre, recogen la obligación de formalizar un seguro de responsabilidad civil por daños a terceros con una cobertura no inferior a unos 120.000 euros (art. 3.1.e) para poder disponer de la licencia.

Según el anexo I de esta norma los perros pertenecientes a la siguientes razas merecen el tratamiento de animal potencialmente peligroso:

a) Pit Bull Terrier.

b) Staffordshire Bull Terrier.

c) American Staffodshire Terrier.

d) Rottweiler.

e) Dogo Argentino.

f) Fila Brasileiro.

g) Tosa Inu.

h) Akita Inu.

Pero no es cerrada, el anexo II nos da las características fí­sicas que pueden determinar su inclusión en dicha lista, y siempre que manifiesten un carácter marcadamente agresivo o que hayan protagonizado ya agresiones a personas o a otros animales entraran en esa clasificación.

Las características son:

a) Fuerte musculatura, aspecto poderoso, robusto, configuración atlética, agilidad, vigor y resistencia.

b) Marcado carácter y gran valor.

c) Pelo corto.

d) Perímetro torácico comprendido entre 60 y 80 centímetros, altura a la cruz entre 50 y 70 centímetros y peso superior a 20 kg.

e) Cabeza voluminosa, cuboide, robusta, con cráneo ancho y grande y mejillas musculosas y abombadas. Mandíbulas grandes y fuertes, boca robusta, ancha y profunda.

f) Cuello ancho, musculoso y corto.

g) Pecho macizo, ancho, grande, profundo, costillas arqueadas y lomo musculado y corto.

h) Extremidades anteriores paralelas, rectas y robustas y extremidades posteriores muy musculosas, con patas relativamente largas formando un ángulo moderado.

 

Por otro lado, cabe destacar que los daños no son simplemente LESIONES FÍSICAS, los daños también son daños psíquicos como se demuestra a continuación:

Al propietario puede obligársele a que cese en la tenencia de perros que causan molestias a los vecinos de una Comunidad de propietarios.

La tenencia de perros que causan molestias a los vecinos por los ladridos es un asunto que ocurre con cierta frecuencia en las Comunidades de propietarios.

El dilema que se plantea es si debe prevalecer el derecho del propietario a tener un animal en su domicilio o si el resto de vecinos puede prohibirle dicha tenencia en el inmueble, lo que supondría una limitación de sus facultades dominicales.

La Ley de Propiedad Horizontal, evidentemente,  no regula la tenencia de perros que causan molestias a los vecinos del inmueble de manera específica, pero sí tiene su encaje en los límites señalados en el artículo 7.2 LPH. En este precepto se establece que al propietario y ocupante del piso no le está permitido desarrollar en él o en el resto del inmueble actividades que contravengan las disposiciones generales sobre actividades molestas, insalubres, nocivas, peligrosas o ilícitas.

La casi totalidad de las sentencias que han tratado este tema argumentan jurídicamente el fallo condenatorio en que los ladridos, molestias, malos olores, etc.,  ocasionados por la tenencia de perros en comunidades de propietarios constituye una actividad prohibida por molesta que debe cesar en aplicación de lo establecido en el citado precepto.

¿En qué consiste la acción de cesación de actividades molestas?

Como su nombre indica, consiste en obligar al propietario u ocupante a que cese en dicha actividad. Los pasos que han de darse son los siguientes:

–  El Presidente de la comunidad, a iniciativa propia o de cualquiera de los propietarios u ocupantes, requerirá a quien realice las actividades prohibidas por este apartado la inmediata cesación de las mismas, bajo apercibimiento de iniciar las acciones judiciales procedentes.

–  Si el infractor persistiere en su conducta el Presidente, previa autorización de la Junta de propietarios, debidamente convocada al efecto, entablará contra él acción de cesación que,se sustanciará a través del juicio ordinario.

–  Presentada la demanda, acompañada de la acreditación del requerimiento fehaciente al infractor y de la certificación del acuerdo adoptado por la Junta de propietarios, el juez podrá acordar con carácter cautelar la cesación inmediata de la actividad prohibida, bajo apercibimiento de incurrir en delito de desobediencia.

–   La demanda habrá de dirigirse contra el propietario y, en su caso, contra el ocupante de la vivienda o local.

–   Si la sentencia fuese estimatoria podrá disponer, además de la cesación definitiva de la actividad, prohibida y la indemnización de daños y perjuicios que proceda, la privación del derecho al uso de la vivienda o local por tiempo no superior a tres años, en función de la gravedad de la infracción y de los perjuicios ocasionados a la comunidad. Si el infractor no fuese el propietario, la sentencia podrá declarar extinguidos definitivamente todos sus derechos relativos a la vivienda o local, así como su inmediato lanzamiento.

Antes de iniciar una acción de cesación judicial contra el dueño de los perros que causan molestias a los vecinos de la Comunidad, es necesario que previamente se hayan obtenido una serie de pruebas para poder acreditar en el Juzgado que de manera reincidente se están produciendo esas molestias.  Esas pruebas pueden ser tanto documentales (denuncias ante la policía, fotografías, etc.) como las declaraciones en juicio de los vecinos de la comunidad.

A modo de reseña señalamos entre otras sentencias que han obligado al propietario para que cese la actividad de tener perros que causan molestias a los vecinos de la comunidad por ladridos y malos olores, las siguientes:  sentencia de 16 enero 2013 de la AP Valencia (Sección 7ª); sentencia 16 diciembre 2008 de la AP Barcelona (Sección 4ª); sentencia de 25 noviembre 2003 de la AP Madrid (Sección 11ª), etc.

 


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